FRENTE FARABUNDO MARTÍ PARA LA LIBERACIÓN NACIONAL * EL SALVADOR CA

23 de abril de 2013

Testimonios de la Guerra en El Salvador 2







Américo Araujo
Agosto 2010, República Dominicana





CAPTURA, SECUESTRO Y CANJE
25 AÑOS DESPUÉS


El Próximo 10 de septiembre de 2010 se cumplirán 25 años  del día en que Inés Guadalupe duarte y su amiga Ana Cecilia Villeda  fueron capturadas por un comando urbano del FMLN y luego liberadas el 24 de octubre del mismo año por medio de una operación de  canje de ellas a cambio de  un grupo de prisioneros políticos miembros del FMLN y  de un salvoconducto para que más de 100 combatientes heridos y lisiados del FMLN pudiesen viajar al exterior  para recibir tratamiento en países amigos y poder así, una vez curados,   reincorporarse, posteriormente,  a las filas  guerrilleras.

Hace 5 años, en  2005,  y en  ocasión de cumplirse entonces  20 años de aquel suceso escribí varias páginas relatando aquellos  hechos y hace un año, a mediados del 2009, Roberto Pineda me entrevisto  sobre lo relacionado a mi captura el 9 de agosto de 1985, sobre  los días pasados en prisión y  sobre mi liberación, junto con otros prisioneros más, sucedida por medio de aquel canje.  Hoy, en el marco de la celebración del  XXX Aniversario del FMLN, decidí juntar los dos trabajos y publicarlos de manera articulada como un solo documento.

Este nuevo formato está dedicado y pensado,   fundamentalmente, para   los y las jóvenes que no conocieron, anteriormente,  las dos publicaciones  señaladas. Es imperativo que nuestros jóvenes conozcan la historia de lo que aconteció durante los años ochentas del siglo pasado. La versión o formato en que  hoy presento  este material consta de tres partes:

PRIMERA
De manera muy breve registra  los principales hechos políticos,  y algunos militares,  que sucedieron durante 1985 y que formaron el contexto en que ocurrieron los hechos que se narran.

SEGUNDA
Está referida a mi captura, los días que pase como desaparecido en la Policía Nacional, la modalidad de tortura que utilizaron los interrogadores, mi traslado a Mariona y

TERCERA
La captura de Inés Guadalupe Duarte  con su amiga Cecilia  Villeda, la negociación para el canje de prisioneros, la liberación y  nuestro  regreso a los frentes de guerra. 

Espero contribuir,  de manera modesta,  a  luchar contra la  desmemoria sobre  los sucesos de los  años ochentas en nuestro país..


 
RASGOS PRINCIPALES DEL AÑO 1985

Las primeras declaraciones de la C.G. del  FMLN en el año 85 las hizo  Atilio Montalvo, (Comandante Salvador Guerra), miembro de la C.P. de las FPL y miembro de la DRU del FMLN,  quien entonces expresó  que el FMLN se encontraba dispuesto a celebrar la tercera sesión de diálogo en ese mismo mes de  enero para discutir, de manera urgente, la humanización del Conflicto e iniciar la construcción de una  ruta que condujera a la solución política del conflicto salvadoreño. El 21 de enero Rubén Zamora declaró, en Mexico, D.F.,  que el FDR-FMLN había hecho llegar a Napoleón Duarte   una propuesta con lugar y fecha para reanudar el diálogo. El 23 de enero Duarte denunció que la extrema derecha estaba incitando  a la Fuerza Armada  para que esta diera un golpe de estado y que esa era la razón por la cual no podía realizarse, en esa coyuntura,  ningún diálogo  con el FDR-FMLN. La opinión pública internacional y el FDR-FMLN  caracterizó aquella justificación como pretexto para no dialogar.

 El 12 de marzo, durante un receso en la reunión bianual de la Conferencia Episcopal de América Latina, CELAM, que se desarrollaba en San José, Costa rica, Monseñor Rivera y Damas declaró que la iglesia católica salvadoreña continuaría trabajando a favor del diálogo.

 El 29 de marzo  Duarte manifestó que, independientemente de los resultados de las elecciones del 31 de marzo,  su gobierno continuaría  con el diálogo pero sin proponer o contrapoponer nada concreto.  Estas Elecciones  para diputados y concejos municipales  se realizaron en la fecha indicada  y como resultados dieron al PDC la ventaja absoluta en el control y administración del Estado. El PDC obtuvo 33 de los 60 Diputados. En este escenario político a la fracción legislativa del PDC  se le conoció como la “aplanadora verde”.

A mediados de abril fue capturado por la Guardia Nacional Napoleón Romero García, Comandante  “Miguel  Castellanos”, miembro de la C.P. de las FPL, Comandante del Frente Metropolitano de las FPL y miembro del Mando Conjunto Metropolitano  del FMLN; Miguel Castellanos fue “quebrado” por sus interrogadores  y pasó a trabajar como agente de inteligencia en contra del FMLN. 

 El 18 de abril un agente de la CIA, Felix Rodríguez, que participaba en una operación helitransportada de gran magnitud contra las fuerzas del PRTC en San Vicente y que tuvo  gran apoyo de artillería, capturó muy mal herida,  a la Comandante  Marta Valladares, Nidia Diaz. Miembro de la C.P. del PRTC y Jefa del Frente Paracentral de ese Partido miembro del FMLN. Estas dos capturas de altos mandos del FMLN fueron interpretadas y propagandizadas por el Gobierno y la Fuerza Armada como evidencias que el FMLN estaba siendo derrotado y que todo era cuestión de tiempo.  No había, por lo tanto, nada que dialogar y mucho menos negociar¡¡¡¡

 El 9 de abril el FDR-FMLN había hecho llegar  a Duarte, por medio de Monseñor Rivera, otra  propuesta para reanudar el diálogo. El 23 de abril, a través de Monseñor Gregorio Rosa Chávez, el presidente Duarte presentó al FDR-FMLN una  contra propuesta  que consistía en  tener conversaciones privadas y públicas, expresando la conveniencia de que las primeras se tuvieran fuera del país, pero sin definir fechas ni ningún procedimiento operativo. Mientras, por su parte, el 6 de mayo por medio de Monseñor Rivera, el FDR-FMLN presentó una nueva propuesta consistente en  la celebración de una reunión al más alto nivel GOES-FDR/FMLN el 15 de junio en la Iglesia de Perquín (Morazán). Duarte la rechazó.  La Comandancia General se reunió  en Morazán  en Junio de ese año y el día 6 de ese mes los 5 Comandantes; o sea, la C.G. en Pleno,   ofreció en Perquín una conferencia informativa a 6 corresponsales de prensa norteamericanos.

El 19 de junio se realizó un  ataque del  comando urbano  “Mardoqueo Cruz” del PRTC bajo el mando de Pedro Antonio Andrade, “ Comandante Mario González”   a un grupo de marines en un restaurante de la Zona Rosa. Posteriormente Mario González fue capturado por el ejército con quien terminó colaborando.
El 6 de agosto, día del Patrono de El Salvador, la Conferencia Episcopal emitió una Carta Pastoral sobre Reconciliación y Paz  que fue  respondida el 17 de Agosto por el FDR y FMLN donde estos  consideraron como  positivo el apoyo de los obispos a la continuación del diálogo y el FDR-FMLN reiteraron su disposición inmediata a reanudar el diálogo. 

El 9 de Agosto fue  capturado por la Policía Nacional Américo Mauro Araujo,  “Comandante Hugo”, Subsecretario General del Partido Comunista de El Salvador, PCS, miembro  del Mando Conjunto Metropolitano del FMLN y miembro de la DRU.

El 10 de septiembre el Comando Urbano  Pedro Pablo Castillo del FMLN capturó  a Inés Guadalupe Duarte, hija de Napoleón  Duarte, que se acompañaba de su amiga Cecilia Villeda.      El 15 de Septiembre el Presidente Duarte dedicó la mayor parte de su discurso -en ocasión del día de la Independencia-  al caso de la captura  de su hija. El 16 de septiembre el FMLN se hizo responsable de la captura de Ines G. Duarte y puso las condiciones para negociar su liberación. Estas serían públicas por medio de una frecuencia radial.
El 10 de octubre el  FMLN atacó y destruyó  por completo  el Centro de Entrenamiento Militar de la Fuerza Armada, CEMFA, en la Unión,  ocasionando 76 muertos y más de 200 heridos. El CEMFA  era el principal centro de entrenamiento de reclutas  a cargo de los militares norteamericanos en el país

El 14 de octubre Monseñor Rosa Chávez informó que la iglesia había reanudado los contactos entre el gobierno y el FDR-FMLN. El Gobierno finalmente decidió aceptar  la propuesta de negociar y el 24 de octubre mediante un acuerdo global de canje convenido en Panamá por Rey Prendes y Abraham Rodríguez, por la parte gubernamental; y por el FMLN, Salvador Samayoa y Mario Aguiñada  el FMLN liberó  a Ines Guadalupe Duarte  y el  gobierno a un grupo grande de prisioneros políticos y permitió la salida al exterior de un numeroso contingente de heridos y lisiados de guerra del FMLN.

El 13 de diciembre el FMLN anunció una tregua para navidad y el año nuevo pero el ejército no la cumplió y el 29 de diciembre Monseñor Rivera deploró el rompimiento de la tregua. Finalmente el 30 de diciembre de ese año 1985  el FDR difundió un comunicado sobre "Las realidades de 1985 y las esperanzas de 1986".

MI CAPTURA, SECUESTRO, ENCARCELAMIENTO Y LIBERACIÓN

Me capturaron, como señalo arriba,  el 9 de agosto de 1985...había salido del Frente de Guazapa una semana antes, el 2 de agosto. Yo formaba parte del Mando Conjunto Metropolitano del FMLN y varios meses antes, en abril,  la Guardia Nacional había capturado a Miguel Castellanos, que también era parte del Mando Metropolitano. Pocos días después de su captura Miguel Castellanos fue doblegado, reclutado por las fuerzas de la dictadura  y había comenzado  a trabajar como Agente de  la Guardia Nacional. Su principal misión, ya como Agente Contrainsurgente, era, además  de golpear a fondo a las FPL, organización de la cual había sido dirigente,     lograr la captura del resto de los integrantes del Mando Conjunto  Metropolitano lo que me obligó  a replegarme al Frente de Guazapa. A finales de Julio recibimos  instrucciones para  reorganizar el Mando Conjunto y eso me llevó de regreso a San Salvador para reconstruir los contactos  con los responsables político-militares  de las FAL y de las otras Organizaciones del FMLN y reajustar los planes operativos y políticos para el Gran San Salvador.  El regreso me serviría también para coordinar, en el propio terreno,  con las  jefaturas de las fuerzas metropolitanas de los  comandos urbanos de las FAL. Me capturaron  cerca de  las 2 p.m.  En horas del medio día  había sostenido un almuerzo de trabajo en el Restaurante Los Globos ( frente al Don Pedro)  con José Luís Merino ( Comandante Ramiro Vásquez) y Héctor Acevedo (Comandante Oktavio Martínez), ambos jefes militares de las FAL que se encontraban en San Salvador con la Misión de fortalecer la organización de las unidades especiales urbanas  y reorganizar los corredores San Salvador-Guazapa  y El Salvador- Exterior-

Transitaba de poniente a oriente, sobre  la 29  calle poniente, hoy Calle Camilo Minero, en el Barrio San  Miguelito  y cuando me detuve  frente  a una línea de otros carros que esperaban la luz verde del  semáforo de  la 5ta. Avenida, frente a una gasolinera ESSO,  un policía de civil corpulento  se acercó a la ventanilla del vehículo y  puso el cañón de su pistola contra mi cabeza; varios otros me rodearon  y me detuvieron, me sacaron del carro, yo  andaba en un Pony Rojo y me metieron  a su vehículo que estaba detenido detrás del Pony, me introdujeron por la puerta trasera derecha, extendí mi cuerpo sobre el asiento de atrás,   pude abrir la puerta izquierda y   trate de escapármeles, no lo logre, así me capturaron...eran detectives de la Policía Nacional.

 En el asiento de atrás los policías me sentaron  en medio de dos fornidos matones, doblaron  sobre la  5ª Avenida  hacia el sur y de nuevo doblaron  sobre la 27 Calle Poniente hacia el poniente.  Cuando pasábamos aproximadamente enfrente de la casa donde estuvo la UNTS y a la cuenta de tres  los esbirros iniciaron un ritual  largamente practicado: se lanzaron  sobre mí  y me quitaron  todo lo que andaba encima: cartera, reloj, lapicero, pañuelo, dinero y hasta los lentes. Era su botín de guerra. Luego me tiraron con fuerza al piso del carro, me pusieron  una venda sobre los ojos  y colocaron sus zapatos, con fuerza,  sobre mi espalda. Nunca me pusieron esposas ni me amarraron las manos. Yo hice  el esfuerzo por concentrarme y seguir el movimiento del carro, por eso calculo que allí por el 1316,  ( local del FMLN),  cruzaron  hacia la izquierda, hacia el sur y después de dar muchas vueltas llegamos  hasta un lugar y  se  detuvieron.  Eran  cuatro policías, se bajaron tres y dejaron  a uno vigilándome. Este policía pocos minutos después también se bajó,  aunque no se retiró mucho del vehículo. Pasados unos 5 minutos y cuando sentí que éste  se había  retirado  un poco del carro me di  vuelta, subí un poco el tronco, y entre el pañuelo que me servía de venda, lo subí un poquito con mi mano derecha y   pude observar que estábamos en un inmenso parqueo que entonces  estaba frente al Ministerio de Hacienda;  allí  donde hoy queda el local del  Parlamento Centroamericano, PARLACEN.  Ese parqueo  servía al Ministerio de Hacienda, Procuraduría General de Pobres, y al incipiente Centro de Gobierno. 

Pasado  alrededor de una hora, regresaron y me condujeron dentro del carro hacia adentro de las antiguas instalaciones centrales del  entonces   Ministerio de Hacienda. Hoy es una oficina del mismo Ministerio.  Allí  me trasladaron a un microbús estilo Combi. Ese Ministerio junto con  la Policía de Hacienda desempeñaba un rol contrainsurgente de gran magnitud.  De allí me llevaron al Cuartel Central de la Policía Nacional. Entramos por la puerta sur, aunque iba  vendado pude  distinguir un patio, y un pabellón de celdas, me cargaron agarrándome por las axilas   y subimos gradas, pasamos por una puerta y un pasillo estrecho que conduce directamente a la segunda planta, me ingresaron a un pequeño y estrecho cuarto de madera y me tiraron  al piso. 

 En el cuarto de madera...

Por primera vez en mi vida estaba  capturado y no sabía  si sobreviviría o sucumbiría. Ya había pasado el momento del gran estrés que se dio  durante los primeros minutos de  mi captura y un tiempo posterior  relativamente no muy largo. En ese momento ya  me sentía tranquilo. Quienes me habían capturado tenían información parcial  que era un  alto mando del FMLN,  pero no sabían exactamente  qué responsabilidad tenía, cuál era mi identidad, cómo me llamaba  y, con insistencia,  me preguntaban por mi nombre. 

 El día uno mantuve  mi leyenda. Mi nombre era Julio  Zepeda. Y así tenía en mi cedula de identidad personal, CIP,  y  en mi Licencia de Conducir.  Continuaba tirado sobre el piso, vendado pero sin esposas y, de repente, se acercó e inclinó hacia mi una persona de complexión pequeña y delgada  (lo adivinaba por lo que veía por debajo de la venda) y cuando me habló creí reconocer una voz, era la voz ( idéntica) de un compañero sindicalista a quien apodábamos “Pocas Cachas” quien me expresó: “ Le vengo a ayudar, mis jefes norteamericanos  me mandan para proponerle que Usted  trabaje para  ellos. Si Usted acepta, ellos  le  van  ayudar. Le aseguro que lo van  a tratar bien si coopera. Los policías que lo han capturado son asesinos y lo van a tratar mal..”.   Con calma,  pero de manera firme le respondí: “Decile a tus jefes que este conflicto es entre salvadoreños y que ellos  no tienen ni mierda que hacer aquí  en nuestro país y yo nada que hablar con ellos”.  Hasta este día nunca más volví a oír esa voz, nunca volví a ver a este sindicalista  y nunca supe que pasó con esta  persona a quien llamábamos “Pocas Cachas”. He preguntado por él y nadie ha sabido responderme  que fue de este muchacho. ¿Dónde está? o incluso ¿dónde podría  estar?. Ninguno de los compañeros y conocidos a quienes he preguntado lo saben. No siento ningún rencor contra él. Me trató con respeto y una vez que lo rechacé nunca más volvió a aparecerse. Esté  donde esté,  si es que aún vive,  le deseo que tenga una vida apasible  y comprendo que él  fue una víctima más del conflicto y de la política de  Ronald Reagan y de los EEUU.

Las horas pasaban  y yo seguía tirado sobre el piso cuando de repente entró un hombre y  empezaron los interrogatorios, largos, interminables. Cuando se cansaba un interrogador llegaba otro para remplazarlo. Las preguntas eran las mismas: mi nombre, donde vivía, mi familia, mis compañeros, donde tenía las armas, los explosivos, quienes eran mis contactos, cuando  y donde tenía cita con ellos, donde guardaba el dinero, los radios, etc. El  corredor que pasaba enfrente de mi celda  también estaba hecho de madera. De manera permanente se paseaban personas por el corredor quienes pisaban  fuerte el piso con sus zapatos, el ruido era permanente. La   estrecha habitación  solamente tenía un pequeño cuadro  de vidrio negro que después adiviné era una ventana polarizada desde donde  otras personas podían  verme y escuchar los interrogatorios. La habitación de madera  era completamente cerrada, con  dos focos permanentemente encendidos, día y noche, y se escuchaba ruido de manera permanente; las pisadas de los guardias, los golpes que daban a las paredes, los gritos que salían de otras  habitaciones similares. Las habitaciones  no tenían muebles  y los interrogadores llevaban una pequeña silla y mesa para utilizarla al momento de escribir. Terminado el interrogatorio  la retiraban. Estas habitaciones estaban diseñadas para no dejar dormir a los “huéspedes”  que allí alojaban.

 Al segundo día empecé a perder la noción del tiempo; no sabía si era de noche o de día; noté que la comida la daban de manera irregular, el segundo día continuaron los interrogatorios con la misma intensidad de día y de noche. Ese día y los subsiguientes 2 o 3  días, entre interrogatorio e interrogatorio,  llegaba un joven a leerme  versículos  de la Biblia y a pedirme,  con entonación  imperativa,   que debería cooperar con los interrogadores para recibir el perdón de Dios por las malas acciones que  yo había cometido. Que yo  éra  poseso del Demonio y él podía ayudar  para liberarme  del mal y ser salvo. De manera irónica y sarcástica me referí sobre  este señor con uno de mis interrogadores y el predicador dejó, desde ese día, de visitarme. Sentí bastante alivio cuando, este muchacho dejo de llegar. Entendí de mejor manera el papel que jugaban las sectas, el rol contrainsurgente de las Iglesias que nos han llegado  de los Estados Unidos,   y de quienes  se hacen pasar como “Pastores”.

El  pequeño cuarto de madera  estaba encima de un parqueo o garage pues se podía escuchar cuando salían o llegaban algunos carros. Ese día, el segundo, llegó un interrogador y me dijo: ¡vos sos Américo Durán!  Analicé, la nueva situación,  de manera rápida y tomé la decisión de  admitirlo pues ello me permitiría continuar ocultando mi identidad y dar tiempo a mis compañeros allá afuera  para hacer los movimientos y cambios  necesarios, tomar precauciones y hacer las denuncias sobre mi desaparecimiento.  Y les contesté: si, lo soy. Me habían confundido con Américo Durán, a quien conocíamos  desde hacía muchisimos  años atrás como “Pelo Pincho”. Yo ingresé al P.C.S. a los 17 años. Ingresé  el mismo día, a la misma hora, en el mismo lugar  y a  la misma célula  con Américo Duran,  el 26 de  Diciembre de 1961. A esa célula también ingresaron ese día  Diana Minero, (hija mayor de Camilo Minero), Guadalupe Rosales Carpio, (hija mayor de Salvador Cayetano Carpio que años después fue electo como Secretario General del Partido Comunista de El Salvador), Federico Baires y un muchacho de apellido Arrazate, Por ello con Américo Durán nos conocíamos desde nuestra temprana  adolescencia. Además, Américo Durán tenía, en ese entonces,  cerca de  10 años de vivir en  New York y según mis cálculos  eso me daba una gran ventaja para ganar tiempo. El problema comenzó cuando el interrogador me trajo un  grueso expediente  del archivo policial de 1962-1963, era el historial de Américo Durán con varias fotografías. El expediente calificaba a Pelo Pincho como un experto explosivista, ya que había recibido un curso en el extranjero sobre esta materia. Además, aparecía en unas  fotografías tomadas en el Parque Libertad, durante  concentraciones populares,  a la par de Schafick Hándal y otras en compañía de Tony Hándal. Empezaron a interrogarme sobre donde guardaba los explosivos, la presión se incrementó y los interrogadores se mostraban molestos.  Américo Duran, hacía muchos años atrás,  se había divorciado de su primera esposa pero en el expediente de 1962  aparecía la dirección de su casa y los policías fueron  a catearla. Cuando la  es esposa  les explicaba que Pelo Pincho vivía desde hacía muchos años en New York   los policías se enfurecieron, la llamaron mentirosa y la maltrataron.   Hasta la fecha, después de casi 25 años,  no he podido ver a la señora para solicitarle disculpas  por el susto que, por culpa mía, pasó ella y sus entonces pequeños hijos. 

 En el que supongo fue el  tercer día continuaron los  interrogatorios  permanentes, ya tenía dos noches y dos días sin domir. -Esa identidad no existe insistían a gritos.¿Cómo te llamás? me interrogaban varios, uno de ellos tenía acento chileno. Afuera oía que hablaban en inglés.  Se iba uno pero llegaba otro,  este se iba y lo  sustituía otro, me daban papel y lápiz para que escribiera el planteamiento del FMLN sobre la solución al conflicto armado, luego llevaban a un dibujante para que yo le exlicara  los rasgos físicos de Mario González  del PRTC, jefe del Comando Mardoqueo Cruz que hizo la operación  contra los Marines  en  la Zona Rosa   Miguel Castellanos ya había hecho el retrato hablado de  Mario pero obviamente ellos querían  que yo colaborara con ellos y así hacerme sentir comprometido e iniciar el camino de la  traición sin retorno.  Ya explique que la celda era un espacio muy reducido, estrecha y hecha  de madera por lo que  escuchaba cuando los interrogadores la abandonaban  y quedaba solo,  entonces me levantaba la venda para ver donde me encontraba...luego  cuando oía los  pasos  de los policías que regresaban a continuar el interrogatorio me bajaba la venda. Las mismas preguntas...yo ya había perdido  completamente la noción  del tiempo. Eso le daba una enorme ventaja a los interrogadores. Era una de las torturas que aparecían en los  manuales de la CIA. Además, me daban “noticias”  de todo tipo para desalentarme. Que toda  la Comandancia General del FMLN había sido capturada, que los contras habían derrocado a la Revolución Sandinista, que el ejercito había matado a 500 guerrilleros, que mis compañeros andaban bien felices en libertad y yo estaba aguantando por puro gusto, etc., etc. También yo  sabía que esa era otra técnica. Los interrogadores-torturadores  buscaban  hacerme sentir impotente y abandonado, solo y olvidado por mis compañeros. Pretendían hacerme perder toda esperanza, pretendían quebrarme la voluntad de resistir. En un momento dado uno de los interrogadores se molestó o simuló estar molesto y, como castigo,  no me permitió  ir al sanitario para orinar. Tuve que orinarme dentro de la celda y en mis pantalones. Había leído, en alguna parte,  que esa era otra practica de los torturadores  y que los sicólogos le llamaban “humillaciones degradantes”.  Con ello buscaban  quebrar mi moral, mis principios, mi dignidad  de persona. En alguna parte había leído que durante la guerra de Vietnam los  norteamericanos , durante las torturas, realizaban ciertas prácticas  contra los prisioneros  para poder llevarlos hasta  a un  estado que los sicólogos tipifican como de  “regresión psicológica” para lo cual inducían a sus víctimas a percibir o creer que estaban ante la  presencia de una fuerza superior externa que afectaba  su deseo de resistir. La regresión es básicamente una pérdida de autonomía  que permite que la persona que la sufre pueda ser manipulada.  Entendí que estaba en una batalla por mi mismo;  ya no era solo  por mis ideales y convicciones políticas, ideológicas  y  revolucionarias sino por mi condición de ser humano. Entendí que si  perdía esa batalla también perdería mi dignidad de persona  y, entonces,  jamás podría recuperar esa condición. Nunca  podría ver a los ojos a mis futuras hijas ni  de frente a mis compañeros.  Fue en ese momento que mi autoestima se elevó. Desde entonces creo firmemente que todas las personas pueden ser capaces de resistir presiones extraordinarias si piensan en su condición de seres humanos y humanas y si se tienen aprecio a si mismo. Durante aquellos días aprendí muchas cosas que jamás  he olvidado ni voy a olvidar. En primer lugar aprendí a valorar la vida y la dignidad. Aprendí que en ocasiones vos  estas solo y debes de depender única y exclusivamente de vos mismo o de lo contrario, sucumbes.  Sin embargo,  no es fácil transmitir  a otras personas estas experiencias. Por ejemplo,  creo que he fallado con mis dos hijas al ser  demasiado protector y  hacerlas muy dependientes de su mamá y de mi y no inducirlas a ser más independientes y a que aprendan a defenderse,  por si mismas,.  en este mundo tan hostil e inhóspito en que nos ha tocado vivir. 

Hoy si ya sabemos quien sos...

Probablemente al final del tercer día  continuaban preguntando y repreguntando  sobre lo mismo: armas, radios, centros y rutas de abastecimiento, logística, casas de seguridad, contactos, días de reuniones, lugares de citas, e insistentemente sobre la Zona Rosa y el famoso Mario González, el responsable de esta operación del PRTC, ejecutada por los Comandos Mardoqueo Cruz. El agente de inteligencia Miguel Castellanos había hecho un retrato hablado de Mario  y lo buscaban afanosamente. El tema de la Zona Rosa era recurrente en los interrogatorios.  De repente, llegaron dos interrogadores casi corriendo a la celda, entraron riéndose y  me dijeron con cierto orgullo:Hoy si ya sabemos quien sos...¡¡¡¡ Te llamas Américo Mauro Araujo. Respiré hondo y con firmeza les dije: -es cierto¡¡¡.  Tiraron sobre la mesa varias fotografías tamaño cédula y una de ellas aún venía pegada a la cartulina o ficha de la Alcaldía de San Salvador. Eran las fotografías que  entregaba a la Alcaldía cada vez que renovaba mi Cédula,  desde que obtuve la primera.  Una colección como de cinco fotografias tamaño cédula.  En la ficha de la Alcaldía estaban todos mis datos. 

 Me reclaman porque me había resistido  tanto a revelar mi verdadera identidad y porque había tratado de engañarlos. Les  traté de explicar   que yo nunca les  había engañado que fueron ellos quienes habían afirmado que yo era Américo Durán y que yo simplemente les había seguido la corriente.  

Al saber mi verdadera  identidad y la dirección que aparecía en mis cédulas: Villa Miriam, 25 Avenida Norte, (casi frente a la entrada del parqueo del Hospital Central del ISSS sobre la 25 Avenida) también se fueron a catear esa  casa que era donde vivía una  prima hermana quien  era la esposa  de Roberto Monterrosa,  hermano del Coronel Domingo Monterrosa. La casa donde pase los primeros años de mi vida era la que estaba continua a la de mi prima. Pegado a la Villa Mirian (hoy casa de una distribuidora de químicos farmaceuticos) aún hoy  vive ahí  la familia Monterrosa. Esa casa  mi padre se la vendió a esa familia  en los años cincuentas. Mi prima, después de ese cateo,  entro en una situación de depresión  y creo que jamás me perdonó que por mi culpa ella hubiese sufrido esa situación. Después de la guerra solamente, de manera casual, nos encontramos un par de veces  y después  suspendimos  toda comunicación. Ella se divorcio de  Monterrosa y supe que hace un par de años emigró a otro país.

El  que supongo fue el cuarto  día, cerca del medio día,  llegaron  y me trasladaron  fuera de la celda, me ordenaron  que me arreglara, que me peinara;  rechacé  aquella  órden, si me van a matar que lo hagan así como estoy, sucio y despeinado. Pensé  que habían  decidido matarme, salimos del edificio de la Policía Nacional. Iba vendado, el vehículo avanzaba  por las calles, llegamos a un lugar y me quitaron  la venda de los ojos: ‘estabamos en el parqueo  del  Hotel Presidente, hoy Sheraton. Este hotel era utilizado por los norteamericanos  como su centro de operaciones. No sabía para qué me llevaban hasta allí. Obviamente no era para asesinarme.  Entramos por la puerta principal, yo iba con la misma ropa del día de mi captura, el mismo pantalón en que me había orinado, sin afeitar, sin peinar, sin cintas de zapatos  y subimos por el ascensor hasta el cuarto o quinto piso. Entramos a una de las habitaciones y sin pedir permiso me tire sobre una de las camas. Cerré  los ojos y me pareció que esa era la más exquisita de las camas. De repente entró Miguel Castellanos.Me levante de la cama y nos saludamos. El quiso ser efusivo pero yo me mantuve  frio. Los policías abandonaron la habitación y nos quedamos solos los dos.  Miguel comenzó a criticar a los policías por el trato que me habían dado. Me decía que a mi deberían de haberme tratado de manera política y no con los rudos métodos de la inteligencia.  Miguel pasó a proponerme trabajar para el Presidente Napoleón Duarte.  Me aseguró que yo podría ser asesor  político y nada de trabajar con los cuerpos de inteligencia o de seguridad. Le repliqué que prefería morirme en la cárcel y no solo  por una cuestión ideológica o política sino que por simple dignidad de persona; que si yo perdía lo único que tenía en esos momentos no iba a ser respetado por nadie y que hasta los mismos policías me iban a despreciar, en alusión directa al mismo Miguel. El escuchar mis palabras Miguel palideció y guardo silencio; en ese momento los policías que nos habían dejado solos irrumpieron en la habitación  y se sentaron enfrente. Yo comprendí que habían puesto escuchas en la habitación y que al escuchar lo que hablábamos decidieron interrumpir. Aquí,  Miguel volvió a tomar la compostura de trabajador de inteligencia que había traicionado a sus compañeros y a su organización.  Le pedí terminar la plática pero no sin antes pedirle que me regalara una cajetilla de cigarrillos Delta a la que accedió. Aquellos cigarrillos fueron los más placenteros que jamás  fumé. Hoy  tengo un poco más de 18 años de haber dejado de fumar.  Y espero no volver a fumar jamás. 
Al salir del hotel y abordar, de nuevo el carro, me volvieron  a vendar. Reflexioné…. ¿Para qué me vendan? Yo nací en San Salvador, esta ciudad es mi casa, la conozco muy bien. Mis captores saben que yo sé  que estoy preso en la Policía Nacional. Saben que yo he reconocido el Hotel Presidente y saben que yo conozco como llegar, por diversas rutas, del Hotel Presidente, hoy Sheraton, hasta el edificio de la Policía Nacional.  Entonces, ¿para qué me vendan? Entendí que su propósito era hacer que yo me sintiera impotente, aislado, solo, abandonado y perdido; se equivocaron¡¡¡ la plática con Miguel Castellanos lejos de desmoralizarme tuvo el efecto contrario. Regresé a mi minúscula celda de madera fortalecido. 

En el que deduzco debió ser  el  quinto día la Policía y el gobierno, supe después,   todavía negaban mi captura  ante los representes del Comité Internacional de la Cruz Roja y ante la Sede Internacional de esta en Ginebra. Tenía  cinco días sin dormir y   empecé a sufrir de una situación  extrema, empecé a padecer de alucinaciones visuales y auditivas. Cuando miraba a la pared del cuarto de madera veía que unas  manchitas adquirían formas corporales y bailaban y se reina de mi; igualmente empecé a escuchar ruidos similares a los que produce un haz de varillas de hierro cuando son arrastradas por un piso de cemento; simultáneamente empecé a  sufrir de gran  irritabilidad, si tocaban mi piel o mis cabellos respondía con gran agresividad, lanzando manotazos y puntapiés a mi alrededor. Varios interrogadores se divertían con mi situación  y llegaban a provocarme, me tocaban la espalda, la cabeza y saltaban para atrás para no recibir los golpes que yo les lanzaba. Uno  de los jefes de los interrogadores se dio cuenta de esta situación; mandó parar los interrogatorios y  ordenó que me visitara un médico. Ese mismo día llegó un hombre alto,  fornido,  con gabacha blanca y con acento chileno, me pidió tenderme en el piso y me examinó. Me prescribió una tableta y me  permitieron dormir por primera vez desde el momento de  mi captura. Calculo que dormí un par de horas y después me despertaron. Ya no me interrogaron más pero no me dejaron dormir otra vez. 

Al siguiente día, según mis cálculos posteriores el sexto, ya no hubo interrogatorios y me mandaron  a pasar consulta con un médico salvadoreño. Finalmente los torturadores me  permitieron  dormir de manera normal. Debo de haber dormido 10 o 12 horas seguidas..   Supongo que el médico chileno consideró que mi estado mental había llegado a un punto peligroso y que  corría el riego de entrar a una situación de no retorno.  Para visitar al médico salvadoreño tenía que salir del ala de los cuartos de madera y para ello recorrer  el pasillo de madera que llevaba hasta una pequeña puerta. Al abrirla se salía a un pasillo de un pabellón de celdas enrejadas. Allí me quitaban la venda y caminaba solo, pasando enfrente de los prisioneros que estaban en esas celdas, bajaba unas escaleras, entraba  a un pequeño  patio  hasta llegar al  consultorio.   El primer día,  al caminar por ese pabellón escuché un grito. Hugo¡¡¡, Hugo¡¡¡ gritó una mujer. Mi seudónimo era Hugo, (lo fue hasta finalizar la guerra),  y al volver   a ver ví a Nidia Diaz sola en una celda. Le hice una señal con la mano y le dediqué  una sonrisa. Al siguiente día se repitió mi visita al médico salvadoreño y entonces si pude detenerme frente a la celda de Nidia  y platicar con ella un  par de minutos.  Entonces me quedó claro que las canciones  que desde el segundo día empecé  a oír a diversas horas del día eran cantadas por Nidia. Jamás olvidaré la canción “Gracias a la Vida” , de Violeta Parra, que Nidia entonaba a capella con gran emoción: 

Gracias a la vida,
que me ha dado tanto;
me ha dado la marcha
de mis pies cansados.
Con ellos anduve
ciudades y charcos,
playas y desiertos,
montañas y llanos,
y la casa tuya,
tu calle y tu patio.

Debo reconocer que esa canción,  cantada reiteradamente por  Nidia,  me ayudo muchísimo a resistir los interrogatorios y las torturas sicológicas. En lo íntimo, siempre he guardado un agradecimiento enorme a esta mujer compañera  por haberme ayudado a resistir con sus canciones. Por haberme dado energías y ganas de sobrevivir. Por haberme insuflado fuerza para vencer a los interrogadores y torturadores.  Nunca se lo he dicho a Nidia, pero es la verdad¡¡¡¡ 

 El séptimo día la Policía Nacional aceptó  que me tenían en su poder y al octavo día  recibí una  visita de un chileno, representante del Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR.  Le narré mi historia, y que había sido  interrogado por extranjeros, incluido un venezolano. Me preguntó: ¿es que acaso tiene usted un oído tan fino como para distinguir un acento venezolano? le respondí: quizás no sea tan fino, pero de la misma forma en que distingo, por su acento,  que usted es chileno pude distinguir que quien me interrogó era venezolano. Y le ví  la cara de sorpresa....Yo estudié durante 7 años en una Universidad donde habíamos estudiantes de 70  países de todos los continentes y los estudiantes venezolanos y  chilenos eran muy numerosos; incluso, en mi clase, aula o grupo había una Chilena de nombre Nancy Alarcón Gavilán, (desde hace 40 años una reconocida médico Gíneco-Obstetra en Santiago),  con quien nos hicimos grandes amigos y aún hoy nos comunicamos con regularidad. Con estos chilenos y venezolanos,  desde que tenía 18 años,  aprendí a reconocer esos  acentos  tan peculiares, lindos   e inconfundibles. 

 Una vez  que  los Delegados de la Cruz Roja Internacional tuvieron acceso a mi y pudieron verme  cesaron, por completo,  los interrogatorios. Incluso los policías no entraban al cuarto-celda  y no me dirigían la palabra. Siempre permanecí vendado en el pequeño cuarto de madera, sin colchón y sin ningún mueble. Siempre tuve las manos libres.  A pesar de que los de Cruz Roja me llevaban libros nunca me los entregaron. El primero de septiembre de aquel año,  22 días después de mi captura,  finalmente  me trasladaron al Centro Penitenciario de Mariona. Al llegar a ese centro me enviaron  al pabellón de Presos Políticos donde la Directiva del “Comité de Presos Políticos de El Salvador”, COPPES, nos recibió con mucha solidaridad, con abrazos, apretones de mano y con una taza de café caliente y un cigarrillo.    Allí permanecí hasta el 24 de octubre de aquel año 1985,  día durante el cual fuimos canjeados por  Inés Guadalupe Duarte, hija del Presidente Napoleón Duarte y hermana del actual Ministro de Turismo del Gobierno del Presidente Funes. 

Hoy, 25 años después de la  captura y tortura  sufrida deseo expresar que no siento rencor contra mis captores ni contra mis torturadores. Ello no significa que los he perdonado. De ninguna manera¡¡¡¡. Si ellos  me pidiesen perdón yo, de inmediato,  los perdonaría.  Pero como no lo han hecho y estoy seguro  que no  lo harán creo que lo mejor para el país, para la sociedad, para la democracia, para el futuro de El Salvador sería que los sometieran a juicio por gravísimas violaciones a los derechos humanos de miles de ciudadanos y ciudadanas salvadoreñas. Las violaciones a los derechos humanos no deben de considerarse delitos políticos ni tampoco comunes conexos a delitos políticos. La impunidad es lo peor que le ha pasado a El Salvador. Aquellos delincuentes humanitarios que no han pedido perdón al país, en mi opinión, deben ser juzgados como torturadores igual que quienes les dieron  las órdenes de torturar, quienes la autorizaban y también aquellos que,  sin estar de acuerdo en la tortura,  mostraron una conducta complaciente hacia los victimarios humanitarios. El Director de la Policía Nacional de entonces, el Sub Director y los Ejecutivos de ese desaparecido Cuerpo de Seguridad.  Hoy, me gustaría encontrar a aquellos que me torturaron,  mirarles a los ojos y preguntarles: ¿que sentían  cuando interrogaban y torturaban  a mi y a cientos de otros capturados?.  La percepción que ellos me dejaron era que disfrutaban haciéndolo  y que, al igual que los soldados norteamericanos de la cárcel iraquí de Abu Ghraib y de la cubana de Guantánamo,  sentían placer al hacerlo y  que  su máxima diversión era torturar y ver sufrir a miles de personas, que en su mayoría, eran civiles, campesinos, trabajadores,  simples ciudadanos completamente inocentes.  Esto no lo debemos de olvidar. Jamás debemos de olvidar. Nunca¡¡¡¡. Si olvidamos y perdonamos (sin que ellos hayan pedido perdón al país) estaremos sentando los fundamentos para que estas monstruosidades vuelvan a repetirse en El Salvador y eso no debe de pasar otra vez. No. ¡Nunca más!   

CAPTURA DE INES GUADALUPE DUARTE Y  EL CANJE DE PRISIONEROS

Durante todo el año 1985, como he referido   en la primera parte de esta presentación,   el Gobierno de El Salvador,  presidido por el Ingeniero José Napoleón Duarte rechazó, de manera reiterada y  con energía todas las propuestas  que el Frente Farabundo Martí  para la Liberación Nacional, FMLN, había dado a conocer durante aquel año con el propósito de  iniciar un proceso que condujera a  la humanización  del conflicto armado. El  FMLN había capturado, desde principios de 1985 ,  a 25 Alcaldes en Morazán y Chalatenango  y propuso,  primero,   canjearlos por 29 sindicalistas y por la obtención de  una  autorización para que un grupo de  heridos y lisiados de guerra pudiesen salir de El Salvador hacia  otros países  que se habían ofrecido a acogerlos  por razones humanitarias. El Frente, ante la negativa cerrada del GOES, propuso entonces canjear a los Alcaldes por 9 militantes, capturados por los cuerpos de seguridad del Estado. El Gobierno  contestó que ninguno de los nombres incluidos en la lista de los 9 estaban en calidad de presos o detenidos; ahora,  veinticinco  años después,  ellos continúan sin aparecer. El gobierno democratacristiano, se negó de manera reiterada y prepotente, a iniciar un proceso conducente a la humanización de la guerra. 

El 10 de septiembre de 1985 un comando guerrillero urbano capturó a Inés Guadalupe Duarte, cuadro político de los organismos de propaganda de aquel gobierno e  hija del Presidente Duarte, y a su acompañante  Ana Cecilia Villeda.  Nadie,  en los días posteriores,  se responsabilizó de aquella acción y Duarte recibió la solidaridad de más de 30  gobiernos extranjeros y de la totalidad de los Partidos Políticos Salvadoreños, incluyendo la  de ARENA.  El 15 de septiembre, día de la  Independencia, el  discurso de Duarte se centro casi exclusivamente en la captura de su hija y quedó en evidencia la inmensa potencialidad, que la captura generaba,  para abrir una negociación entre los captores y el  Gobierno. Al siguiente día, 16 de septiembre, el Comando Guerrillero “Pedro  Pablo Castillo” se responsabilizó de la captura y dio a conocer que la metodología de la negociación se realizaría sin intermediarios, por vía radial y por las frecuencias que se  señalaba en el mismo comunicado. Durante las siguientes semanas se realizó una negociación pública  pues tanto los militares como los periodistas daban seguimiento a las conversaciones que se escuchaban a través de las ondas radiales entre el Puesto de Mando de los Guerrilleros y Casa Presidencial.   El Comando Pedro Pablo Castillo  propuso un canje de un grupo de  prisioneros políticos  por  la liberación de Inés Guadalupe Duarte y Ana Cecilia Villeda.  Los sectores más derechistas del Ejército, de  Arena y  de la burguesía presionaban a Duarte para que no realizara  “concesiones a los terroristas”. La Embajada de los  Estado Unidos de América se oponía a cualquier negociación con “grupos terroristas” y   Duarte fue perdiendo apoyos. Ante esto el Comando Pedro Pablo Castillo comenzó a ampliar las demandas hasta llegar a  exigir  la liberación de 25 prisioneros, (sin incluir  a las nueve personas que el Gobierno no aceptaba haber capturado, entre las cuales se encontraba la Comandante del ERP Janet  Samour). Los principales periódicos del mundo informaban diariamente a sus lectores sobre la marcha de lo que acontecía en El Salvador y decenas de periodistas internacionales  llegaban a Mariona a entrevistar a los que aparecían en el listado del canje. Otros,  se presentaban como oficiales del CICR o Representantes  de los Comités de Derechos Humanos no Gubernamentales tanto nacionales como internacionales a “ofrecer” a diversos prisioneros,  que aparecían en la lista,  “salvoconductos” para viajar a diferentes países del mundo en lugar de irse para los Frentes  de Guerra como era el deseo tanto de los prisioneros  como  del  FMLN . Ni uno tan solo de aquel grupo de prisioneros  acepto los “amables ofrecimientos” de aquellos agentes de los diversos organismos  de inteligencia que entonces existían disfrazados de pacíficos y humanitarios personajes. 

Las  contradicciones  en el seno del gobierno se incrementaban  y la situación política se agravó aún más  para el gobierno   cuando el 10 de octubre el  FMLN atacó y destruyó  por completo  el Centro de Entrenamiento Militar de la Fuerza Armada, CEMFA, en la Unión,  ocasionando 76 muertos y más de 200 heridos. El CEMFA  era el principal centro de entrenamiento de reclutas  a cargo de los militares norteamericanos en el país y  por casualidad, aquel día,  el  grupo de 20 asesores  yanquis había salido  de la base y se salvaron de ser blancos de aquel destructivo y feroz ataque.

El debilitamiento de Duarte se había profundizado  y el sábado 12  de octubre se convocó a una reunión de los altos mandos de la FAES para discutir la grave situación creada;  un grupo de militares propuso, incluso, la destitución de Duarte. Esa reunión se prolongó toda la noche y parte del domingo 13 lo que provocó que dos hijas y cinco nietos del Presidente saliera de emergencia del país hacia los Estados Unidos a bordo de una aeronave del  Comando Sur del  Ejército de los Estado Unidos y un  “apresurado  e injustificado”  comunicado del Embajador Corr  en apoyo al Presidente Duarte  al  cual se refería como   “...quien fue elegido por el pueblo salvadoreño para gobernarlo”. Los Estados  Unidos no apoyaban la negociación con el FMLN pero necesitaban a Duarte para justificar ante el Congreso y Senado su política de intervención en Centroamérica  y ante esta disyuntiva  Reagan  decidió mantener a Duarte como Presidente de El Salvador. Mientras,  muchos gobiernos extranjeros y personalidades internacionales entre las que destacaba el dirigente del Partido Social Demócrata Alemán  Wichsnewski, -quien actuaba  en Representación de Willy Brandt, Canciller  de la República Federal de Alemania-, comenzaron a buscar directamente al FMLN y hacer propuestas de solución tanto a Duarte como al Frente. Wichsnewski propuso negociar dos paquetes diferentes pero amarrados uno con el otro. Por un lado,  efectuar la liberación de los 25  Alcaldes en poder del Frente Guerrillero  a cambio de un salvoconducto para  que los heridos y lisiados  de guerra del FMLN pudiesen salir a otros países y, por el otro, realizar el canje de  prisioneros  políticos  por Inés Guadalupe Duarte y Ana Cecilia Villeda.  Esta formula era parecida a la que en los últimos días   el FMLN,  demandaba   cumplir al GOES. El Arzobispo Metropolitano y su Auxiliar, Arturo Rivera y Damas y Gregorio Rosa Chávez expresaron a ambas partes,  de manera inequívoca,  su  disposición para mediar y ayudar para negociar una salida adecuada a la crisis; de la misma manera expresó su disposición la Universidad Centroamericana, UCA.  De inmediato el  FMLN aceptó la mediación e  igual  hizo  el Gobierno y  el 15  de octubre un grupo de Comandantes del FMLN  recibió, en las inmediaciones del Cerro de Guazapa,  a un Representante de la Iglesia. Ese día el Frente  externo   su disposición a realizar el canje el día 22 de octubre;  pero el 18 de octubre surgieron nuevas diferencias en torno a las condiciones, formas y procedimientos  que tendría el  complejo operativo a realizarse para ejecutar  el intercambio y, por primera vez, desde  Ayagualo  en 1984,  el Gobierno  aceptó  la necesidad de una negociación directa entre el GOES y el FMLN para superar  aquellas diferencias ante  la presencia de los mediadores. El General Noriega, entonces Presidente de Panamá y hoy extraditado desde  los Estados Unidos a Francia, ,  ofreció el  territorio panameño  para la realización de  aquella negociación y el 20 de octubre se instaló una mesa con la presencia de Julio Adolfo Rey Prendes y Abraham Rodríguez en representación del Gobierno de El Salvador; mientras que  Mario Aguiñada Carranza  y Salvador Samayoa lo hacían  en representación  del FMLN y  como mediadores y testigos el Padre Ignacio Ellacuria,  Rector de la UCA,  y Monseñor Arturo Rivera y Damas, Arzobispo de San Salvador. Aquella fue una dura negociación que se prolongó durante tres días. La negociación terminó en la madrugada del día 22 de octubre y se acordó iniciar el canje en  las siguientes 48 horas. Monseñor Rivera y Damas regresó a San Salvador muy temprano de aquella mañana y el Padre Ellacuría lo hizo hasta por la tarde del 22 pues aún se tenían que afinar algunos detalles.   Fueron abordadas todas las complejidades operativas del canje, los procedimientos y los lugares del territorio salvadoreño donde se llevaría a cabo el intercambio de todos los prisioneros. La salida de los heridos y lisiados era la más compleja pues el Comité Internacional de la  Cruz Roja, CICR, tendría que recibirlos  en las proximidades de cada uno de los principales Frentes de Guerra que el FMLN tenía en todo el territorio nacional. Los Alcaldes serían liberados en Morazán y Chalatenango  una vez  se confirmara la salida de los lisiados y heridos de guerra. Las prisioneras Inés Guadalupe Duarte y Ana Cecilia Villeda serían liberadas,  de manera simultanea,  con los prisioneros políticos que retenía el gobierno. Las primeras serían entregadas  en  Tenancingo  al Cuerpo Diplomático  y a Monseñor Rivera y Damas y  los 22 prisioneros se concentrarían  en Mariona  y allí 18 serían entregados a la CICR y al padre Ellacuria quienes los conducirían hasta Tenancingo para que ellos pudieran reincorporarse, desde ese lugar, a  los diferentes  Frentes de Guerra del FMLN;  uno más  (el piloto costarricense Julio Romero Talavera), se entregaría al Embajador de Costa Rica y  otros tres  (NidiaDiaz y los Internacionalistas hondureños Santiago de Jesús Rauda y el médico Marcelino Reyes Gómez), serían entregados al  CICR y al Embajador de Panamá porque deberían  viajar a Panamá.  En días  anteriores habían sido liberados otros  tres prisioneros (incluyendo a Margarita Vega y al Dr. Miguel Orellana ). Mientras, el gobierno se comprometió  a continuar investigando el paradero de los 9 desaparecidos. La Comandancia General había nombrado al prisionero de  Mariona  Américo Mauro Araujo como responsable y coordinador  de la parte operativa interna en el proceso de  canje y este recibía información detallada de la marcha de la negociación a través de un complejo sistema de correos.

En la madrugada del 24 de octubre  empezó a desplegarse el inmenso operativo del canje. Los heridos y lisiados de guerra empezaron a ser movidos desde las retaguardias del FMLN a las periferias; el Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR,  con una profesionalidad intachable realizó la parte del operativo que a ellos les correspondía, se dirigió a los lugares acordados y cumplió, en los tiempos programados,  todas sus metas; el Cuerpo Diplomático se vistió de fatiga y durante todo ese día y algunos posteriores participó de la manera más  activa  en aquella operación.  Exceptuando los Embajadores de Israel, Taiwán, Chile, EEUU y Paraguay todos los demás miembros del Cuerpo Diplomático acreditados en nuestro país  participaron, de una u otra manera,  en aquella operación lo que significó un completo reconocimiento al FMLN no solo como Fuerza Político Representativa sino que como Fuerza Beligerante. Aquella operación se realizó según las normas  y procedimiento del Derecho Internacional. Ningún gobierno en el mundo, salvo los señalados, hubiese tomado parte en aquella operación de haber considerado al FMLN como terrorista. El FMLN  adquirió, durante aquella crisis, mucho más  prestigio y  mayor  respeto internacional  del que ya tenía y,  ante la opinión de  nuestro pueblo,  quedó grabada  la imagen de una guerrilla noble y preocupada por la necesidad de humanizar el conflicto  que además se mostraba como destacamento  invencible. 

Dentro del penal de  Mariona, aquel 24 de octubre de 1985,  el Pabellón de los Presos Políticos se puso en  actividad desde la madrugada. Cuando todos aún dormían el Director del Penal de Mariona llegó, a las 04:00 a.m.,   a la celda donde se encontraba el compañero  Dr. Eduardo Espinoza  -que figuraba entre los que serían liberados-   con el propósito de sacarlo de la celda y llevarlo a un lugar seguro para “protegerlo”  de otros reos que se sentían resentidos por no figurar en la lista de los liberados. Eduardo con absoluta firmeza rechazó las pretensiones de aquel pusilánime sujeto y procedió a despertar al resto de prisioneros. El “Alcaide” se esfumó de manera veloz.  A las seis de la mañana los  20 presos que seríamos  liberados y que estábamos en Mariona salimos de nuestras celdas y un inmenso  grito de “Patria o Muerte, Venceremos” se escucho; a partir de aquel instante todos los demás presos políticos que quedaban empezaron a lanzar consignas y a golpear con fuerza  los barrotes de sus celdas.  En fila india avanzamos lentamente  por los estrechos pasillos de aquel pabellón estrechando, entre los barrotes de las celdas,  manos y recibiendo los puños y los brazos de nuestros hermanos presos políticos de la dictadura que quedaban en la cárcel de  Mariona. Este ensordecedor ruido que se escucho en varias cuadras a la redonda del penal  se prolongó casi por 30 minutos. Esa fue una de las mejores  ovaciones  que habíamos oído en nuestras vidas. Al recordarlo hoy los ojos se me humedecen.  ¡Jamás la olvidaremos! 

A las 08:00 horas se presentó a Mariona una compañía del Tercer Batallón de la Primera Brigada de Infantería a la orden de un Mayor con el supuesto propósito de brindar seguridad a los liberados. El lobo pretendía brindar seguridad a las ovejas. Ello  puso en tensión al ambiente. A las 09:00 horas se presentó el Padre Ellacuría y  media hora mas tarde lo hicieron  el Ministro Claramount y un grupo de funcionarios democristianos quienes, de manera cínica,  pretendieron  extender  órdenes de libertad  solicitando que cada liberado firmara su Carta de Libertad. Todo el grupo de prisioneros  nos negamos a  recibir las órdenes de libertad y nadie  firmó  ningún documento. La verdadera y válida órden para nuestra libertad había  sido  ganada o impuesta y girada  por el FMLN. Si ellos obstaculizaban el proceso de nuestra liberación  tampoco sería puesta en Libertad Inés Guadalupe y su acompañante. A las 10:00 horas el señor Claramount entregó  un Radio de Comunicación Militar al prisionero  Américo Mauro  Araujo (que se encontraba junto con el Padre Ignacio Ellacuría)  y Araujo  se comunicó, de inmediato,  con el Puesto de Mando Guerrillero que dirigía  toda la operación de parte del FMLN. Así  Araujo  confirmó a la Comandancia  que todos los prisioneros,  incluidas Nidia Diaz que había sido trasladada a Mariona desde la Policía Nacional y Rosa Elena Romero (Graciela, extraordinaria mujer militante del PRTC y caída  en el frente en 1987) que había sido trasladada desde Cárcel de Mujeres, estábamos listos para salir de Mariona. Además, Araujo comunicó al Comandante  Lucio (Dagoberto Sosa Cuenca), del  Puesto de Mando Guerrillero,  que  todos quienes seríamos liberados exigíamos el retiro de los soldados de la Primera Brigada. Cinco minutos después el Comandante de aquella Compañía dio  la orden a sus soldados de retirarse y abandonar Mariona. Mientras, a  las once de la mañana en punto, en el mismo momento que en Tenancingo el FMLN entregaba a Inés Guadalupe Duarte al Canciller de El Salvador y a un grupo de Embajadores  los prisioneros  liberados, entre los que recuerdo a Héctor Acevedo (Oktavio), Dr Eduardo Espinoza[1],  el sacerdote César Valle[2],  Agustín Cerritos, Rafael Aquino, Virgilio[3], Julito, Graciela[4], Chicón[5], Giovanni, Chamba, que era el Presidente de el Comité de Presos Políticos  de El Salvador, COPPES,  después de abrazar  fuertemente  a los cuatro que viajarían al exterior, salimos de Mariona en un camión del Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR rumbo a Tenancingo. Ese día era jueves, día de visita, y los familiares de los liberados y varios cientos de vecinos se apostaron no lejos de la salida del penal  para poder saludar y vitorear a los liberados que viajaban camino a los frentes de guerra. Durante todo el trayecto miles de ciudadanos nos saludaban de manera efusiva y decenas de periodistas perseguían el camión de la cruz roja donde viajábamos  y desde sus motos realizaban entrevistas a los recién liberados, para poder gravar las respuestas utilizaron unas largas varas a las que amarraban los micrófonos de sus aparatos. El Padre Ellacuría, varios Embajadores y la CICR nos escoltaron hasta nuestro destino.  En Tenancingo  nos esperaban  una unidad militar del FMLN, entre quienes se encontraba el radista guerrillero Ivan,(Geovani Chicas)  un  grupo  de Embajadores,  el Canciller de El Salvador y   Monseñor Rivera y Damas quien portaba  ese día  un hermoso sombrero blanco  Ese mismo día, a las  21:30 horas,  71 lisiados y heridos de guerra partieron  desde Comalapa hacia Panamá  en un avión del Ejercito de ese país y a las 0:30 horas del 25 de octubre hacía lo mismo  un grupo de 30 lisiados pero hacia México a bordo de un avión de la Fuerza Aérea Mexicana. Días después el FMLN liberó a todos los Alcaldes y así terminó una de las operaciones más complejas y  exitosas de la guerrilla. Las fuerzas guerrilleras  agregaron otra estrella de victoria a la historia del movimiento revolucionario salvadoreño.  Desde entonces,  no hubo otra negociación con el GOES sino  hasta  la  final que inició el 4 de abril de 1990 en Ginebra, la  que duró dieciocho meses  y condujo al final de la guerra. 

Abandonamos Tenancingo y marchamos presurosos para alejarnos del lugar. Cruzamos el Río Quezalapa y subimos a una altura para pasar la noche y poder emprender la marcha hacia el Cerro de Guazapa en la madrugada del 25 de octubre. A las 4 de la mañana ya estábamos en camino; llegamos temprano al Cerro Campana, atravesamos la calle a Suchitoto como a las  5:30 de la mañana  y entramos por la callecita de tierra  que hoy conduce a la Ciudadela Ungo,  al Cantón Montepeque.  A esa hora comenzó un  intenso cañoneo con las unidades de  artillería que el Ejercito tenía en la Cancha de San José Guayabal y en el Puente Las Guaras hacia el Cerro de Guazapa. Entramos por Loma Chata y  La Posta del Amate y finalmente, bajo el cañoneo,  llegamos al Campamento Guerrillero. Allí nos esperaban el Comandante Lucio (Dagoberto Sosa, del PCS), la Comandante Rebeca Palacios (Lorena Peña de las FPL), Rabindranath Armijo (Comandante Chico del ERP) y el Comandante Chano Guevara de la R.N. Nos fundimos en fuertes abrazos. Nos tenían preparado un suculento desayuno de frijoles cocidos con un puño de sal ,  dos tortillas calientes y un tazón de rico café. Fue nuestro primer desayuno en libertad  después de Mariona Se iniciaba para mi otra fase de la guerra.

 Varios de quienes fueron canjeados aquel día, hace 25 años,  ya no están entre nosotros. Su recuerdo, sacrificio, ejemplo  y memoria nos llaman  a continuar luchando para alcanzar la democracia por la que tanto ellos  lucharon y por la cual murieron.


Américo Mauro Araujo


Agosto 2010, Santo Domingo, República Dominicana.



[1] Decano de la Facultad de Medicina de la UES hace algunos años atrás y hoy Vice Minitro de Salud.
[2] Recapturado meses más tarde por el Ejército y decapitado  durante el Operativo Fénix en el Cerro de Guazapa.
[3] Asesinado misteriosamente hace algunos años en San José Guayabal donde tenía un taller de mecánica de banco y suegro del actual Diputado Sigfrido Reyes.
[4] Cayó  en Junio de 1986 en las cercanías de Aguilares.
[5] Caído heroicamente  en Chalatenango  en 1986


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